Es frecuente que, a ciertas edades sobre todo, el reloj
biológico interrumpa el descanso nocturno y las neuronas comiencen a funcionar
cuando menos lo esperamos. Abrimos los ojos, miramos sorprendidos el reloj y
ahí empieza el repaso vertiginoso a nuestra vida… En verano ocurre algo
parecido cuando las altas temperaturas impiden conciliar el sueño desde el
principio y la cama se convierte en un islote de contrición para los náufragos
que allí son arrojados por el tiempo arbitrario. Durante la noche interminable,
nos salpican los pensamientos mezclados con recuerdos, vamos fabricando nuestros sueños en ese
caldo de ideas que se retuercen, viajamos por la senda de la memoria hasta que la brisa mañanera viene a sofocar los bríos, las decisiones
intrépidas o las turbaciones más inconfesables… Así se desvanecen los sueños en una noche cualquiera de verano. Pero en la carrera de la mañana ponemos todo en orden. De nuevo
afloran los recuerdos compartidos, la memoria despierta en el espejo del camino
y nos reconocemos en él como moradores sempiternos de una historia que un día
también fue sueño. Ahora es el momento de seguir soñando con los amigos.
domingo, 7 de agosto de 2016
domingo, 12 de junio de 2016
Andorra domingo 12 de junio
Y así, entre fiesta y celebración, levantando puentes que
encadenan fines de semana, vacaciones, vivencias con recuerdos… llegamos al
verano. El tiempo se estrecha peligrosamente y, al mismo tiempo, se dilata generosamente en el
pasado esparciendo en la memoria miedos, certidumbres y esperanzas convenidas
que consuelan, tareas a medio hacer, travesías cumplidas en mar gruesa. Pero la
carrera del domingo continúa alimentando el pasado que no cesa, como las aguas
del río Valira, serpenteando tímidamente el valle envuelto en la bruma matinal
que presagia un mañana efímero, brillante y soleado. Como voy solo, no hay nada que decir, solo respirar, mantener el ritmo, la buena dirección y esperar pacientemente el final de la etapa, allí, a los pies de mi Torre. De vuelta a casa, ya luce
el sol en mi balcón de invierno.
domingo, 29 de mayo de 2016
Andorra domingo 29 de mayo
La pasión futbolera es una de las raíces de nuestra existencia que ahonda
en las galerías más recónditas de lo irracional humano y que se retroalimenta
en comunión con la masa. Por eso, a través del fútbol se percibe también la arbitrariedad
de la vida que nos arrastra al abismo o nos eleva al éxtasis inefable.
Hoy se respira una calma festiva en un
ambiente soleado y húmedo tras el aguacero de anoche que terminó con la eterna
aspiración de unos y la prolongación de la felicidad de otros. La tormenta
irrumpió anunciando el fin de un mundo cuajado de ilusiones que se anegaron
rápidamente en el frenesí insólito que solo esta fuente de alimentación anímica
puede producir. Un domingo más seguimos corriendo en la senda que el tiempo ha
dispuesto para nosotros esperando el renacer de ilusiones que nos brinde otro
partido de fútbol. Pero eso será ya en la próxima temporada del nuevo mundo.
domingo, 22 de mayo de 2016
Andorra domingo 22 de mayo
Parece que por abajo
está la cosa que arde. Y es solo el principio porque lo peor está por llegar. Ya
calienta motores este verano que zarandea el calendario para acabar con una
temporada sobrevenida por el estupor de un tiempo traicionero. La
culminación en Sanlúcar, estuario de memoria auténtica para este club de
corredores, tras una travesía acotada por el sabor a mar, a tierra salada, a
brisa marismeña…, y ennoblecida por los decididos pasos que señalan la estela incesante,
por el abrazo sincero de cuerpos fatigados en medio de la nada que lo es todo.
Hoy sueño con ese mar
entre montañas reverdecidas de esperanza, con el temor de que el tiempo borre
aquello que nos dio la vida y programe una fiesta de despedida para justificar la sinrazón de la
incertidumbre sobrevenida.domingo, 15 de mayo de 2016
Andorra domingo 15 de mayo
Hoy he vuelto a ver los álamos dorados sobre el río. El sol
ya luce en el solar azul de la amanecida y me preparo para el encuentro
dominical con mis amigos en Torre Pelli. Por primera vez en la temporada bajo
ligero de impedimenta, augurio de una primavera que empieza a travestirse de
verano. Primero subo tras los pasos que me preceden cada domingo; luego, desde
el reloj que decide el tiempo, me lanzo siguiendo el eco torrencial de mi río,
entre recodos y puentes, alumbrado de violetas y álamos estratégicamente
situados. La corriente sigue su curso imparable, como la vida, que no se
detiene aunque paremos el reloj al terminar la travesía. Se acaba una
carrera pero sigue otra y otra… La vuelta es de nuevo el punto de salida para
otro domingo más junto a mis amigos del alma, tan lejanos.
domingo, 8 de mayo de 2016
Andorra, domingo 8 de mayo
Decididamente la lluvia va inundando las calles a golpes
secos y agudos; inunda los campos de finos espejos donde el mar se mira. Por esas
calles desiertas transito, chapoteando en el mar del recuerdo mientras gotas
como espinas enmudecen la rosa de primavera. Sí, hoy he salido a rociarme en la redención
de un pasado que se hace presente entre las cortinas del temporal. Llueve tras
los cristales húmedos de una mirada refractada en el ocaso y que desaparece en el
mismo punto de partida como una chispa de luz. El cielo cerrado, como se
esperaba, abre sus puertas y se hermana con mi río, caudal inagotable de
torrentes y rumores que me acompaña desde ayer, como una sombra oscura… cielo, río
y cristal…, porque, como dijo el poeta, “la lluvia es una cosa que sin duda
sucede en el pasado”.
domingo, 24 de abril de 2016
Andorra domingo 24 de abril
Lo que muchos llaman felicidad no es más un estado de bienestar que se
alcanza después de un sacrificio necesario, un esfuerzo más o menos prolongado
o en la vivencia de un momento especial. La dedicación al trabajo tiene su compensación
en el disfrute de momentos de ocio o, simplemente, en proyectos ilusionantes; el
entrenamiento diario, la práctica de la carrera habitual, gratifican y, como
recompensa, el bienestar espiritual se proyecta en las relaciones cotidianas.
Son esos momentos aparentemente insignificantes (por cotidianos) los que nos
hacen sentirnos felices. Luego, en un nivel más alto, la Felicidad con
mayúsculas representa el superávit vital, es decir, el saldo positivo que se deduce del
vivir continuado en la cuerda floja, entre el abismo incierto y el horizonte más
sostenible. Claro que esto último resulta más complicado puesto que ya no
depende de uno sino de la arbitrariedad que entraña la propia existencia.
Por ello, con nuestros encuentros de los domingos, seguimos sumando minutos de bienestar compartido que aspiran a inclinar la balanza por el lado positivo de la vida, porque valoramos en su justa medida lo que tenemos. Lo demás llegará, irremediablemente.
Por ello, con nuestros encuentros de los domingos, seguimos sumando minutos de bienestar compartido que aspiran a inclinar la balanza por el lado positivo de la vida, porque valoramos en su justa medida lo que tenemos. Lo demás llegará, irremediablemente.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




